Una habitación propia, el libro que debería leerse todo el mundo

Una habitación propia es un ensayo publicado en 1929, categorizado como uno de los primeros libros feministas de la historia y una de las obras más célebres de la autora. La escritora de este maravilloso libro es Virginia Woolf, una destacada escritora británica del modernismo literario del siglo XX

Tiene una escritura destacada por su monólogo interior, muy representada en su obra “las olas”, una obra experimental y con un estilo poético considerado “como las contribuciones más importantes a la novela moderna”. Sus obras son pequeños pedazos de su ser, en el que plasma sus tormentos, sus demonios y sus sombras, en el que sientes la tristeza, la soledad, la forma tan sensitiva que tiene de percibir su entorno, algo que reproduce con palabras en sus libros con las que crea un imaginario en el que es muy fácil perderse. (Darte cuenta de que esa historia también es la tuya, solo que nunca habías sentido que alguien la explicara de una manera tan humana.)

Su verdadero nombre es Adeline Virginia Stephen y nació en Londres el 25 de enero de 1882. Nació en una familia culta, su padre fue un importante crítico literario y su madre provenía de una familia de importantes editores, y la tercera de cuatro hermanos. La vida de Virginia no fue nada fácil independientemente de sus orígenes.

“Sus hermanos la llamaban cariñosamente «the goat» (la cabra) […] Sin embargo, la complejidad de la vida de Virginia vino dada porque además de sus hermanos tenía tres hermanastros, hijos del primer matrimonio de su madre. Todo indica, y así lo reflejó de manera velada y autobiográfica en una de sus obras, que tuvo que soportar abusos sexuales de dos de ellos y que jamás pudo superar la desconfianza hacia los hombres, decantándose por una inclinación romántica por las mujeres.” 

La madre de Virginia murió de forma repentina cuando ella tenía solo 13 años, a partir de ahí, empezó a sufrir estados depresivos que acabaron siendo crónicos. A pesar de que la idea del matrimonio no le hiciera mucha gracia, acabó casándose con Leonard Woolf, un economista e historiador con el que acabó fundando la editorial Hogarth Press que publicó las obras de Virginia, entre otros escritores importantes de la época.

“En 1925 Virginia Woolf logra un gran éxito con La señora Dalloway, posiblemente su obra más conocida. El tiempo en la obra abarca solo doce horas en las que explora la personalidad de la protagonista, Clarissa Dalloway. En ese año también conoció a la escritora Vita Sackville-West, con quien mantuvo una relación amorosa a pesar de que también estaba casada. Aunque la relación terminó sin que se disolvieran sus matrimonios, la amistad continuó durante el resto de sus vidas.” como bien explica Alberto López en el artículo del País, Virginia Woolf, la escritora premonitoria inagotable. 

(Que curioso que los dos artículos más relevantes que he encontrado en plataformas de confianza sean escritos por hombres.)

A pesar de que acabó siendo una destacada intelectual y una escritora fascinante, sus cambios anímicos causados por su enfermedad la llevaron a caer en estados profundamente depresivos, alternados con diversos cambios de humor. Incluso, los médicos que la trataban le recomendaron que dejara de escribir, es decir, atribuían sus brotes al esfuerzo que le suponía escribir. 

Lady Ottoline Morrell, Virginia Woolf, June 1926, 107 mm x 69 mm, vintage snapshot print
National Portrait Gallery, London

También hay que contextualizar, en esa época se diagnosticaba a las mujeres a ligera y se las internaba en los psiquiátricos con una facilidad abismal, por falta de información sobre el cuerpo de la mujer y su psicología, porque el referente estudiado en medicina era el del hombre, es decir, por pura misoginia, pero eso lo dejaremos para otro día.

Como bien explica Josep Gavaldà en un artículo para el Nacional Geografic  “A pesar de ello, la escritura fue la tabla de salvación de Virginia ante el naufragio de su existencia. Pero el 28 de marzo de 1941, incapaz de hacer frente a la desesperación que la envolvía, se puso el abrigo y despojándose de su bastón, llenó los bolsillos de piedras y se adentró en el río Ouse, dejándose llevar por «las aguas que corren». Antes de tomar esta trágica decisión, Virgina dejó dos cartas, una para su hermana Vanessa y otra para su marido, Leonard Woolf, las dos personas más importantes de su vida.

Virginia cumplió así con lo que narraba en su premonitoria obra Fin de viaje. En la carta de despedida de su querido esposo no sólo se percibe su padecimiento, tristeza y profundo dolor, sino también la gratitud y el gran amor que sentía hacia él. Su cuerpo fue encontrado tres semanas después, y Leonard hizo incinerar sus restos y esparció sus cenizas en el jardín de La Casa del Monje (Monk’s House), su propio hogar.” 

Hay una película que ganó varios premios llamada “Las horas” que trata de la vida de tres mujeres en épocas diferentes, entre ellas una es Virginia Woolf, otra de ellas es una ama de casa de los años 50 a la que le remueve leer el libro de La señora Dalloway de Virginia, y la tercera es una mujer neoyorquina que tiene una historia con claras referencias al libro que ya he mencionado. Las tres mujeres intentan encontrar el sentido de sus vidas, pero a la vez muestra de una manera muy realista la depresión y todo lo que supone. Aún así, el papel de Virginia Woolf hace que puedas ver cómo se relacionaba con su marido, con las personas de su alrededor y cómo vive inmersa en sus historias.

Una vez habiendo contextualizado a Virginia Woolf y hablado de algunas de sus obras, vamos al grano. 

En una habitación propia, Virginia expone su situación como mujer en la sociedad en la que vive, dando ejemplos muy concretos, en los que expone una idea bastante revolucionaria que es: que si Shakespeare hubiese nacido mujer, no habría sido Shakespeare.

“Aquí estoy yo preguntándome por qué no escribieron poesía las mujeres de la época de la reina Isabel, y no estoy segura de cómo las educaron; si les enseñaron a escribir; si tenían cuartos de estar propios; cuántas mujeres eran madres antes de los veintiún años; en breve, qué es lo que hacían de las ocho de la mañana a las ocho de la noche. Es evidente que dinero no tenían; según el Profesor Trevelyan, las casaban, quisieran o no, antes de que dejaran el cuarto de juegos, muy probablemente a los quince o dieciséis años. Hubiera sido rarísimo que, con semejante panorama, una de ellas hubiese escrito, de pronto, las obras de Shakespeare […].

[…] hubiera sido total y absolutamente imposible que una mujer escribiese las obras de Shakespeare, en tiempos de Shakespeare.”

“Dejadme imaginar, ya que es tan difícil dar con los hechos, lo que hubiera sucedido si Shakespeare hubiese tenido una hermana maravillosamente dotada, llamada Judith, pongamos. Es muy probable que Shakespeare –su madre era una heredera– fuera a la escuela, donde aprendería latín –Ovidio, Virgilio y Horacio– y los elementos de la gramática y la lógica. Él […] tuvo que casarse, bastante más pronto de lo que hubiera debido, con una chica del barrio que le dio un hijo bastante más deprisa de lo aceptable. Este incidente le llevó a Londres en busca de fortuna. Tenía, al parecer, afición al teatro; empezó sujetando caballos a la puerta del escenario. Muy pronto, encontró trabajo en el teatro, se convirtió en un actor famoso, y vivió en el meollo del universo […]. «

«Entretanto, su hermana de extraordinario talento –supongamos– se quedó en casa. […] no fue a la escuela. No tuvo la oportunidad de aprender gramática y lógica, mucho menos de leer a Horacio y a Virgilio. Cogería un libro de vez en cuando, quizá uno de los de su hermano, y leería unas cuantas páginas. Pero entonces entrarían sus padres y le dirían que zurciera los calcetines, vigilara el cocido y no se distrajera con libros y papeles. […] antes de que acabara la adolescencia, sería prometida al hijo de un tratante de lanas de la vecindad. Diría a gritos que el matrimonio le resultaba odioso, y su padre la azotaría violentamente por ello.”

“Yo creo que esta poetisa que jamás escribió una palabra y se halla enterrada en esta encrucijada vive todavía. Vive en vosotras y en mí, y en muchas otras mujeres que no están aquí esta noche porque están lavando los platos y poniendo a los niños en la cama. Pero vive; porque los grandes poetas no mueren; son presencias continuas; sólo necesitan la oportunidad de andar entre nosotros hechos carne.[…]

Estas citas, además de poner un ejemplo muy claro de la desigualdad de género, expone el hecho de que ella, que lo relata en el libro, por tener una especie de herencia puede tener una habitación propia para escribir, para replantearse y cuestionarse la realidad. Pero la mayoría de mujeres por no decir “tres contadas” no tenían esa situación, ni mucho menos parecida. Por lo que también hablamos de un privilegio de independencia económica algo casi imposible de ejecutar en la época, porque si te casabas y podías trabajar, ni siquiera el dinero te pertenecía, era tu marido el que tenía poder sobre él, al final siempre ha sido una cuestión de poder. 

También relata cómo por ser mujer no podía entrar a las bibliotecas universitarias:

“[…] pero yo estaba ya justo ante la puerta de entrada de la propia biblioteca. La debí de abrir, porque al instante compareció, como un ángel guardián impidiendo el paso con un revoloteo de toga negra en vez de alas blancas, un suplicante, plateado y amable caballero, que lamentó en voz baja, mientras me echaba hacia atrás, que las señoras no podían entrar en la biblioteca si no iban acompañadas por un Miembro del Colegio o provistas de una carta de presentación.”

Incluso relaciona como aunque una mujer hubiera podido librarse de esa condena, la opresión sistemática habría afectado de tal manera a su salud mental que no habría estado ni siquiera en condiciones como para crear:

“[…] me pareció a mí al repasar la historia de la hermana de Shakespeare […] que cualquier mujer que naciera con un gran talento en el siglo XVI, con seguridad se volvería loca […] una chica de mucho talento que tratara de hacer uso de su don para la poesía, habría sido tan contrariada e impedida por otra gente, tan torturada y dividida por sus propios instintos contrapuestos, que con seguridad tuvo que perder la salud y la cordura. […]. Vivir una vida libre en Londres en el siglo XVI habría significado, para una mujer poeta y dramaturga, un dilema y una tensión nerviosa que muy bien hubieran podido matarla.”

Al final, ¿A qué se refiere Virginia Woolf con una habitación propia? En esencia, no deja de ser un lugar de tranquilidad donde poder escribir, que es crear, y con ello, conocerse a sí misma, a nosotras mismas. Por eso, trata la cuestión de que nos ha faltado espacio, incluso en nuestras casa, y nos sigue faltando, por que si no este artículo no tendría sentido, si se publica es porque tenemos que ocupar espacios, en las librerías, en el cine, en la música, porque si no estamos en esos espacios es porque nos invisibilizan, no porque no haya mujeres que se lo merezcan.

No podemos seguir luchando si no nos hemos nutrido de pensamientos y reflexiones que llevan haciendo muchas mujeres desde hace más de 300 años. Que nos han allanado el terreno para que avancemos y vayamos más lejos de lo que ellas han podido llegar, “quien no recuerda su historia está condenada a repetirla”, una habitación propia no es ni el principio ni el final de una serie de obras feministas escritas por mujeres. La historia de las mujeres se sigue invisibilizando a día de hoy, y eso significa que nosotras también lo estamos.

Sahara Dolores
Sahara Dolores

Me describo como una persona a la que le gusta mucho aprender intentando tener un pensamiento crítico. Empecé a escribir como medio de expresión a los quince años, pero es algo que he llevado en la sombra, así que me enorgullece mucho poder sacarlo a luz. La escritura nació de mi interés por lectura, es uno de mis grandes salvavidas con la creación artística.

Lleno de vitalidad, en aspectos dulce pero también intenso, así es MOCCA. Puedes leernos tan rápido como si se tratara de una taza de tu café favorito.

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