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Euphoria: «Los perfectos, a m*marla», el grito de la generación Z para ellos mismos

El nuevo capítulo especial navega por los duelos y fantasmas del personaje de Jules

Siempre se ha dicho que los ojos son el espejo del alma y con este capítulo, hemos comprobado que así es. La mirada de Jules es el punto de partida para el recorrido por el mundo interior de una niña de 17 años que tiene que enfrentarse a sus fantasmas pendientes. La pupila de la protagonista se inunda de Liability de Lorde y te invade cada una de las emociones de los fotogramas, con los que repasa sus últimos meses en este viaje emocional.

En el primer capítulo especial de Euphoria sobre Rue solo se necesitaba la conversación entre dos amigos: Rue y Ali. En cambio este nuevo capítulo, coescrito por Sam Levinson y la misma actriz, lo único relevante es Jules y su honestidad para abrirse en canal. Ella llena la pantalla porque, por primera vez, su voz se hace dueña de la narrativa de la serie. Nos enseña que bajo la imagen que ha mantenido durante la primera temporada, la vida no estaba llena de purpurina y colores saturados.

Ojo de Jules en su viaje emocional // Imagen del episodio (HBO)

Con los diálogos de Schafer, el personaje crece y consigue que empatices desde tu papel de espectador. En el fondo, sentado desde el sofá de tu casa, sabes que estas palabras podrían venir de la boca de cualquier otro adolescente de la Generación Z, e incluso te identificas con algunas de ellas. Identidad, sexualidad, adicciones, cánones de género y amores virtuales son algunos de los temas sobre los que se pone el foco en el nuevo capítulo de la producción de HBO.

El punto de partida para la conversación con la doctora Mandy Nichols (Lauren Weedman) es el deseo de frenar la transición a mujer. «Toda mi feminidad ha girado en torno a los hombres (…) Lo que los hombres quieren, digamos. Modelando mi cuerpo, mi personalidad y mi alma según lo que yo creo que desean los hombres», verbaliza el personaje en alto desnudando sus miedos y poniéndole nombre. Jules se siente construida para la mirada de los demás, vendida a los cánones de género que dictaminan cómo debería ser una mujer. Schafer nos muestra la trampa de feminidad donde las cláusulas del contrato por ser mujer es lo más similar a unas cadenas cuando sigues el patrón de lo que marca la sociedad. La protagonista alza la voz por todas las mujeres y niñas que puede que aún no se hayan dado cuenta en sus casas.

A través de su monólogo, la actriz expone en pantalla las incertidumbres y dogmas que retratan a la generación de los ‘nativos digitales’. Uno de los más importantes que intenta normalizar Jules, mediante su sinceridad, es el enamorarse a través de una pantalla. Que levante la mano el que no se haya ilusionado nunca mediante el refugio de un amor en las redes sociales. «Las relaciones más profundas que he tenido han sido con gente que nunca he conocido. Tal vez encuentre el atractivo en la decepción, en el hecho de que nada es real y de que todo es una fantasía», se sincera la protagonista haciendo referencia a su relación con Tyler/Nate por Internet.

«¿Cómo puede ser que nada de esto haya sido real?». La actriz se muestra en pantalla como una persona que fantasea y sueña en su imaginación, pero esta pregunta muestra la realidad de las relaciones, sean del tipo que sean, en la red. Muchas de ellas terminan porque la ficción te toca a la puerta y te da un golpe de realidad. En ocasiones, pueden convertirse en una de las mayores decepciones de tu vida y sobre todo, duele igual que si fuera real, tal y como cuenta Jules tras el desengaño vivido con su compañero de instituto.

En la primera temporada, Jules vive dos historias de amor simultáneas: Nate y Rue. Con esta última, experimenta lo más parecido a una relación recíproca y tangible. Es real y por eso cobra tanta importancia para ella, porque es de las pocas cosas que lo han sido a lo largo de su vida. «¿Cómo es posible que Rue me quisiera tanto como yo a ella», se pregunta a sí misma ante el miedo a la reciprocidad.

«¿Por qué huiste?», pregunta la psicóloga, frente a una Jules desgastada emocionalmente, sobre su abandono a Rue en la estación de tren. La pregunta invade la sala de terapia y podemos ver como Hunter Schafer siente que fue una de las peores decisiones que pudo tomar (o no).

La protagonista narra cómo ha vivido cada uno de los momentos con Rue. Por fin conocemos la perspectiva que nos faltaba para el rompecabezas de su relación. Jules se siente asfixiada y responsable de una situación que le viene grande al ser una niña de 17 años: la adicción de una persona a la que quiere.

El personaje siente que la abstinencia depende de las decisiones que tome ella y le hace retroceder años atrás cuando se enfrentaba al duelo de tener una madre alcohólica. La dicotomía entre no querer perder a alguien y saber que, ahora mismo, no es lo que necesitas para tu duelo interior y estabilidad mental.

Por ello, el testimonio de Jules nos enseña que cuando dos personas están mal y no han resuelto sus propias tareas pendientes, es imposible no hacerse daño. Existen relaciones idílicas y puras que son tóxicas, porque ya es hora de que aprendamos que el amor no lo puede todo. Con su experiencia de los últimos 6 meses, la protagonista te invita a reflexionar -sí, a ti, el que está viendo el capítulo con alguna lágrima en los ojos- que lo primero, siempre, vas a ser tú. Y para ello, tienes que priorizarte y cuidarte si no quieres acabar desgastado emocionalmente.

Los 55 minutos del capítulo no solo ha sido el final del puente de episodios hacia la segunda temporada y la celebración del talento de Hunter Schafer, sino que ha conseguido que, seas de la generación que seas, te emociones, empatices y quieras que Jules Vaugh sea feliz de una vez por todas.

Por:

Patricia Lizeviche Martín

Lleno de vitalidad, en aspectos dulce pero también intenso, así es MOCCA. Puedes leernos tan rápido como si se tratara de una taza de tu café favorito.

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