Corina Fiorillo

Corina Fiorillo: “El día que volví a ensayar, sentí que comencé a respirar de nuevo”

La directora teatral argentina recorre su extensa trayectoria profesional y se sincera sobre el presente de la industria

Las leyes de la Física afirman que la energía ni se crea ni jamás se podrá destruir, simplemente se transforma. La vitalidad y la voluntad de la directora Corina Fiorillo (Buenos Aires, 1965), con raíces en «la ciudad de la furia», confirman la norma. Antes de comenzar en la dirección teatral, estudió Música y Física. Se subió a los escenarios como actriz, pero una vez sintió la chispa de la dirección, supo que era el lugar por el que debía luchar. La argentina brilla con sus más de veinte espectáculos en los diferentes sectores teatrales del país: oficial, comercial e independiente. En este último, es la coordinadora de la sala de teatro El Ópalo. Gracias a sus prodigiosas obras teatrales, Fiorillo fue la primera mujer directora en conseguir el premio ACE de Oro en 2016. A día de hoy, la chispa sigue en ella y su energía infinita sigue transformándose en proyectos internacionales y virtuales como el streaming.

Comenzaste tu trayectoria profesional con la actuación, ¿no te planteas recuperar esta parte del teatro? 

Una vez empecé a dirigir, no volví a necesitar actuar. Ahora me muero de pensar que tengo que interpretar, incluso reemplazando a alguien, porque no lo disfruto nada. En cambio, hay directores que les encanta subirse al escenario y lo necesitan como Claudio Tolcachir.

¿En qué momento sentiste que la dirección era tu vocación?

Cuando dirigí por primera vez, descubrí que esto era lo que quería hacer para siempre. Tal vez, más adelante escriba ya que es mi asignatura pendiente. Estoy reservándolo para un momento especial pero, hoy por hoy, dirigir es lo que disfruto hacer.

¿Fue difícil comenzar proyectos como directora al inicio de tu carrera?

La primera vez que me abrieron las puertas fueron autoras amigas con las que trabajaba en ciclos de dramaturgia. Fueron el comienzo de los trabajos remunerados con los que empecé a creer que yo podía vivir de la dirección y, sobre todo, que tenía que luchar para vivir de esta profesión. A su vez, la docencia fue una ayuda para empezar antes de poder entrar directamente al mundo de la dirección.

¿Qué parte es la que más disfrutas de tu profesión?

Los ensayos. De hecho, extraño la creación en escena, el despertar creativo y la unión con el elenco. Cuando conectas con los actores, el tiempo cobra sentido y quedas vinculada con ellos para siempre. Por ejemplo, esa conexión la viví con tres actores españoles: Fernando Albizu, Alberto Jiménez y Ángela Molina.

«Cuando conectas con los actores, el tiempo cobra sentido y quedas vinculada con ellos para siempre»

CORINA FIORILLO

¿Cómo fue el primer ensayo después de la cuarentena?

El día que volví a ensayar, sentí que comencé a respirar de nuevo. Pude ser yo, incluso con todo lo que nos falta por recuperar, pero pudimos encontrarnos y volver a mirarnos.

¿Qué ocurre en un ensayo para que sea tan especial?

Sucede una experiencia mágica. En los ensayos, pasa la vida y se comparte entre el equipo teatral. Después de meses de convivencia, vives sus noticias especiales como el nacimiento de un bebé, la muerte de alguien importante o el enamoramiento de una pareja. El teatro es unión y cuando se da, es humanidad plasmada en arte.

Eres una directora que alberga muchos proyectos en tan solo un año. ¿Esta es la clave del éxito en el teatro?

No, conozco muchos directores exitosos que no siguen esta fórmula. Lo importante es hacer lo que uno siente. Cada uno tiene diferentes energías. En mi caso, tengo una energía muy potente y no podría ser de otra manera porque disfruto esta simultaneidad. 

¿Cómo te ha cambiado la vida desde que recibiste el Premio ACE de oro? 

No sé si me cambió la vida. Fue importante para mí porque era la primera vez que se le otorgaba el premio a una directora mujer. Sentí orgullo porque las mujeres somos igual de capaces que los hombres, pero somos menos visibles en esta profesión. Este premio, normalmente, se vincula al hombre pero yo rompí esta tendencia. 

Corina Fiorillo
Teleshow / Verónica Guerman

Corina Fiorillo ganó el Premio ACE de Oro (Argentina) en 2016. Fue la primera directora mujer en recibir este galardón.

Por lo tanto, ¿consideras que en la dirección se olvidan de las mujeres? 

Sí, siempre que he estado nominada a algún premio estaba enfrentada a hombres. Cuando gané el premio, todo el mundo comenzó a preguntarse: “¿Nunca se había premiado a una directora?”. Pasaron 25 premios para que la gente se diera cuenta. 

Cuando gané el premio, todo el mundo comenzó a preguntarse: “¿Nunca se había premiado a una directora?”. Pasaron 25 premios para que la gente se diera cuenta. 

Corina fiorillo

En tu larga lista de proyectos, parte de ellos son españoles. ¿Percibes diferencias entre el teatro español y el argentino?

Admiro mucho al actor español, así como este admira al argentino. El español tiene una voz muy educada y un carácter metódico, aunque le faltaría la locura del porteño un poco. Trabajando con él, consigues resultados magníficos porque el actor español tiene grandes herramientas para hacer un trabajo brillante. 

¿Y cómo fue trabajar con actores españoles en Argentina?

Disfruté mucho. Hubo momentos donde actores argentinos, con una larga trayectoria, les esperaban a la salida y yo les decía: “¿Sabes quién te está saludando? La persona que te está saludando es un dios actoral y te está diciendo que eres un dios”.

Has realizado una obra junto a Ángela Molina, premio Goya de honor en España. ¿Qué opinas de trabajar con ella?

Trabajar con ella ha sido una maravilla, porque Ángela también lo es. Es una persona única y “angelada”, como su nombre indica. Es un regalo desde lo expresivo y lo humano, porque es una persona muy sensible y humilde. Yo quedé enlazada emocionalmente a ella. 

Corina Fiorillo: «Ángela Molina es un regalo desde lo expresivo y lo humano, porque es una persona muy sensible y humilde. Yo quedé enlazada emocionalmente a ella».

Fotografía de la directora argentina junto a Teresa Nieto, Ángela Molina y Pablo Amorós // Publicación en Twitter: @Corinafiorillo

¿Se puede decir que el vínculo que tienes con ella supera lo profesional?

He quedado unida de una manera tan especial que no se puede olvidar. El día que murió mi padre, ella me envió un mensaje de su padre cantando. Cuando recibí su mensaje, le dije: “Ay Ángela, qué amorosa. ¿Alguna actriz, amiga mía, te lo ha contado?» y me respondió que no sabía nada de lo que había ocurrido. Hasta ahí llega nuestra conexión, y esto lo consigue el teatro.

Comentas que Ángela Molina tiene una parte muy humana. ¿Crees que los actores o actrices tienen que ser buenas personas para llegar al público?

No quiero pecar de moralista, pero para mí sí. Un actor tiene que poder ver al otro y visualizar el universo que lo rodea. Aunque ha habido grandes actores que dudo de si han sido buenas personas y son grandes en interpretación.

¿Qué aprendizaje te llevas de la pandemia mundial?

Hace unos días me fracturé un “huesito” del pie y me di cuenta de lo imprescindible que era un hueso tan pequeño, porque no podía hacer nada. Esta pandemia nos enseñó la importancia del encuentro. Lo evitábamos con la excusa de la falta de tiempo y, ahora, sabemos que debemos darnos la oportunidad de decir “tenemos tiempo”. Pero, principalmente, nos ha enseñado a valorar la cercanía y darnos cuenta de lo que hemos perdido. 

Sin estos detalles, todo se derrumba como el “huesito” del pie. Además, los dos te piden lo mismo: paciencia y valorar cada pequeña cosa que podamos hacer.

¿Qué temas consideras que el teatro necesita que se expongan, después de lo vivido, en 2021?

No creo que necesitemos un tema, necesitamos hacer arte y que este, sea de la temática o género que sea, no te deje igual. A mí, hay obras que me marcaron tanto que recuerdo la sensación de cuando fui a verla. El espectador necesita que sea posible venir a llenarse de un universo mágico. Para eso necesitamos encontrarnos de nuevo y hacer teatro libremente. Es lo que le pido a este nuevo año.

Por:

Patricia Lizeviche Martín

Lleno de vitalidad, en aspectos dulce pero también intenso, así es MOCCA. Puedes leernos tan rápido como si se tratara de una taza de tu café favorito.

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